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Virgen de Guadalupe

En el relato: “Nican Mopohua” (aquí se lee) es donde se describe las apariciones de la virgen de Guadalupe.
El evento Guadalupano, a partir del tiempo de las apariciones (1531) ha adquirido una importancia relevante no sólo en México, sino en todo el continente Americano y en el mundo. En la virgen de Guadalupe se inspira el indigenismo, exaltación del pasado prehispánico de México. Cuatro apariciones de la Virgen al Indígena Juan Diego, (Cuahutlatuatzi) acontecen del 9 al 12 de Diciembre de 1531. Para apreciar el hondo significado de Guadalupe es importante conocer la visión de los vencidos, cuyo testimonio es índice de un pueblo que ha tenido conciencia de su historia y del valor de su cultura. El evento guadalupano es una evangelización inculturada. María se presenta con una credencial Náhuatl, sea en sus símbolos presentes en su imagen, sea en su lenguaje (diálogo con el vidente), donde emerge el difrasismo “flor y canto”. No sólo eso, sino que la aparición guadalupana están acompañadas de cantos y flores que aparecen milagrosamente en la colonia del Tepeyac. La primera ermita fue construida por los mismos indígenas en diciembre de 1531. La nueva basílica, que se parece a una tienda bíblica, se inauguró el 12 de Octubre de 1976. El santuario de Guadalupe donde acuden cada año 20 millones de peregrinos, expresa la fuerza de los débiles, vínculo de una nueva raza, lugar sagrado donde cada creyente se siente plenamente identificado, cerca de la madre celestial, que todos abrazan con amor materno. El santuario expresa el encuentro con María, pero también es signo de una patria libre, encuentro de la familia de Dios, que después de un largo camino, se reúne en oración a la virgen (Hechos 1:14) Con la esperanza de un nuevo horizonte. “El Evangelio encarnado en nuestros pueblos, los congrega en una originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe que se yergue al inicio de la evangelización” (Puebla, 446). De Guadalupe no sólo hay que hacer una lectura histórica y cultural, sino también y sobretodo de fe. El vidente San Juan Diego, protagonista del suceso guadalupano fue canonizado por el Papa Juan Pablo II en el año 2002, en la misma basílica de Guadalupe. La devoción y el amor a la Virgen de Guadalupe, su memoria histórica y su culto se conservan vivos como un precioso tesoro en el corazón del pueblo mexicano a través del tiempo.
El veredicto de la ciencia.
La tilma era una prenda exterior común para los hombres, usada al frente con un delantal largo y frecuentemente se doblaba hacia arriba para ser utilizada como una bolsa o se enrollaba alrededor de los hombros como una capa. Se utilizaban varios estilos diferentes de la prenda, diseñadas para las distintas clases sociales aztecas. Las clases sociales altas usaban una tilma o prenda de algodón que se amarraba sobre el hombro derecho, mientras que la clase media, a la que pertenecía Juan Diego vestía una tilma hecho de la fibra del ayate, una tela gruesa derivada de los hilos de la planta del maguey. Se amarraba sobre el hombro izquierdo y tenía un color amarillento. La clase baja, ataba la prenda detrás del cuello donde podría servir para trabajo de carga.
Durante el siglo 16 la prenda fue cortada al tamaño de la imagen, cuyas dimensiones son de 165 por 103 cms. La figura de Nuestra Señora, mide 56 pulgadas de altura y como declaró Coley Taylor, parece crecer cuando te vas alejando, debido a alguna propiedad desconocida de la superficie, causando que refleje la luz que recibe sobre ella.
En 1929, Alfonso González, fotógrafo profesional, amplificó varias veces, una fotografía de la sagrada imagen y quedó sorprendido al descubrir lo que parecía una cara humana en los ojos de nuestra Señora. El 29 de Mayo de 1951 un dibujante de nombre Carlos J. Salinas Chávez. Con una lupa una fotografía ampliada de la cara de la sagrada imagen y se sorprendió al encontrar que en el ojo derecho de la virgen había facciones y busto de un hombre barbado.
La túnica rosa y especialmente el manto azul de la Virgen , merecen un estudio más cuidadoso, ya que todos los pigmentos conocidos que pudieron haberse utilizado para producirlos se hubieran borrado hace mucho tiempo y los calurosos veranos de México hubieran acelerado el proceso.
Texto tomado de: H. de la Mota Ignacio , Diccionario Guadalupano, México D.F.: Panorama Editorial, 1997
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Nuestra Señora de Fatima

En 1917, en el momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y su santuario lo visitan innumerables devotos.
También en Fátima, la Virgen se manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, Francisco, su primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa. Tres niños campesinos muy normales, que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, y con familias atentas.
Los tres habían recibido en casa una primer instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión.
Las apariciones estuvieron precedidas por un “preludio angélico”: un episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que vendría.
Lucía misma, en el libro Lucía raccota Fátima (Editrice Queriniana, Brescia, 1977 y 1987) ha relatado el orden de los hechos, que al comienzo sólo tuvieron a ella como testigo. Era la primavera de 1915, dos años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto con tres amigas. Y esta fue su primera manifestación del ángel:
Sería más o menos a medio día, cuando estábamos tomando la merienda. Luego invité a mis compañeras a recitar conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosos. Habíamos apenas comenzado, cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una figura, como una estatua de nueve, que los rayos del sol hacían un poco transparente. “¿Qué es eso?” preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas, “no lo sé” Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella figura, que desapareció justo cuando terminábamos (p. 45)
El hecho se repitió tres veces, siempre, más o menos, en los mismos términos, entre 1915 y 1916.
Llegó 1917, y Francisco y Jacinta obtuvieron de sus padres el permiso para llevar también a ellos las ovejas a pastar; así cada mañana los tres primos se encontraban con su pequeño rebaño y pasaban el día juntos en el campo abierto. Una mañana fueron sorprendidos por una ligera lluvia, y para no mojarse se refugiaron en una gruta que se encontraba en medio de un olivar. Allí comieron, recitaron el rosario y se quedaron a jugar hasta que salió de nuevo el sol. Con las palabras de Lucía, los hechos sucedieron así:
… Entonces un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar los ojos…. Vimos entonces que sobre el olivar venía hacia nosotros aquella figura de la que ya he hablado. Jacinta y Francisco no la habían visto nunca y yo no les había hablado de ella. A medida que se acercaban, podíamos ver sus rasgos: era una joven de catorce o quince años, más blanco que si fuera de nieve. El sol lo hacía transparente como si fuera de cristal, y era de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros dijo: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”. Y arrodillado en la tierra, inclinó la cabeza hasta el suelo y nos hizo repetir tres veces estas palabras:”Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido por los que no creen, no adoran, no esperan, y no te aman”. Luego, levantándose, dijo: “oren así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus súplicas”. Sus palabras se grabaron de tal manera en nuestro espíritu, que jamás las olvidaremos, y desde entonces pasábamos largos periodos de tiempo prosternados, repitiéndolas hasta el cansancio. (p. 47).
Durante el verano el ángel se apareció varias veces y no fue hasta el 13 de Mayo ere el domingo anterior a la Ascensión. Lucía , Jacinta y Francisco habían ido con sus padres a misa, luego habían reunido sus ovejas y se habían dirigido a Cova da Lria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de Fátima, donde los padres de Lucía tenían un cortijo con algunas encinas y olivos. Aquí, mientras jugaban, fueron asustados por un rayo que surcó el cielo azul: temiendo que estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro rayo los sorprendió, aún más fulgurante que el primero. Dice lucía:
“A los pocos pasos, vimos una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesada por los rayos del sol más ardiente. Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan cerca que nos vimos dentro de la luz que rodeaba o que ella difundía. Tal vez a un metro o medio de distancia, más o menos… (p. 118)
La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia Oriente añadió: “Reciten la corona todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra”.
Los tres habían visto a la Señora , ,pero sólo Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había oído sólo la voz de Lucía.
Lucía precisó después que las apariciones de la virgen no infundían miedo o temor, sino sólo “sorpresa”: se habían asustado más con la visión del ángel.
En casa, naturalmente, no les creyeron y, al contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de lo que habían visto y esperaron con ansia, pero con el corazón lleno de alegría, que llegara el 13 de Junio.
Ese día los pequeños llegaron a la encina acompañados de una cincuenta de curiosos. La aparición se repitió y la Señora renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco mientras Lucía se quedaría para hacer conocer y amar su corazón inmaculado. A Lucía, que le preguntaba si de verdad se quedaría sola, la Virgen respondió: “No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”. Luego añade Lucía en su libro:
“En ese instante en que dijo estas últimas palabras, abrió las manos y nos comunicó el reflejo de aquella luz inmensa. EN ella nos veíamos como inmersos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que se difundía sobre la tierra. En la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón rodeado de espinas, que parecía clavarse en él. Comprendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, y que pedía reparación. ( 121).
Cuando la virgen desapareció hacia Oriente, todos los presentes notaron que las hojas de la encinas se habían doblado en esa dirección; también habían visto el reflejo de la luz que irradiaba la Virgen sobre el rostro de los videntes y cómo los transfiguraba.
El hecho no pudo ser ignorado: En el pueblo no se hablaba de otra cosa, naturalmente, con una mezcla de maravilla e incredulidad.
La mañana del 23 de Julio, cuando los tres niños llegaron a Cova de Iria, encontraron que los esperaban al menos dos mil personas. La virgen se apareció a medio día y repitió su invitación a la penitencia y a la oración… Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los horrores del infierno (esto, sin embargo, se supo muchos años después, en 1941, cuando Lucía, por orden de sus superiores escribió las memorias recogidas en el libro ya citado. En ese momento, Lucía y sus primos no hablaron de esta visión en cuanto hacía parte del secreto confiado a ellos por la Virgen.
Seguido de muchas apariciones y muchos testigos presentes, las apariciones cesan y los niños retoman su vida de siempre, a pesar de que son asediados por la curiosidad y el interés de un número siempre mayor de personas: la fama de Fátima se difunde por todo el mundo.
Entre tanto las predicciones de la Virgen se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y mina el organismo de Francisco y Jacinta. Francisco muere santamente en Abril del año siguiente como consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y una dolorosa operación.
En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928 pronuncia los votos. Será sor María Lucía de Jesús. Custodia de los secretos, Lucía solo ha revelado dos: el primero es la visión horrible del infierno, el segundo de la difusión del ateísmo en el mundo por causa del bolchevismo y la segunda guerra mundial. El tercer secreto sigue siéndolo. Lucía le ha confiado al Papa.
El mensaje de Fátima es, sobre todo una invitación a la conversión, a la penitencia, a la oración por la paz en el mundo y por la salvación de las almas del purgatorio.
Nuestra Señora de Lourdes

Lourdes es una pequeña ciudad en los Pirineos, que en la época de los hechos que contaremos tenía cerca de seis mil habitantes.
Las apariciones ocurridas allí en 1858, famosas en todo el mundo, tienen como protagonista a una niña, una pastorcita de catorce años de nombre Bernardita Soubirous. La virgen María se le apareció dieciocho veces en una gruta, le habló en el dialecto local y le indicó el lugar que debía excavar con las manos para hallar una fuente que se reveló como terapéutica.
De sí misma, la virgen afirmó ser la Inmaculada Concepción : cuatro años antes, en 1854, el papa Pío IX había definido ese dogma de la Inmaculada concepción de la Madre de Dios.
Bernardita nació en 1844, era la primera de los siete hijos de los esposos Soubirous. Al comienzo molinero, los padres de Bernardita se habían empobrecido con el tiempo y tenían que trabajar como jornaleros, ganando apenas lo necesario para alimentar a sus hijos. A causa de sus precarias condiciones económicas, no siempre los Soubirous podían pagar la renta de una casa, por lo que se vieron obligados a mudarse a habitaciones cada vez más modestas, hasta que un pariente lejano les concedió a título gratuito un edificio de su propiedad: un ambiente húmedo y escuálido que en un tiempo había sido prisión pero luego se consideró demasiado malsano para albergar a los prisioneros. Papá y mamá Soubirous con sus seis hijos debieron adaptarse a vivir allí. Bernardita era una niña amable, frágil, delicada. Había sido confiada a una nodriza a causa de un nuevo embarazo de su madre y había vuelto a su familia un año y medio después. Desde muy pequeña había sufrido de asma y necesitaba de atentos cuidados y de una alimentación sustanciosa, cosas imposibles en su casa, a pesar del amor y la buena voluntad.
En el momento de las apariciones, Bernardita tenía catorce años, pero al parecer de todos no tenía más de diez u once. Era prácticamente analfabeta y por algún tiempo había servido de pastorcita al pequeño rebaño de su nodriza, que siempre la quiso mucho y la trató como a su hija.
La gruta en donde sucedieron las apariciones se encuentra a 700/ 800 metros del centro habitado, al otro lado del río Gave, y recibe el nombre de Massabielle. En su interior hay un tipo de galería superior, iluminada por la luz del sol, que desemboca en un agujero de forma ojival donde crecía la vegetación. La virgen se apareció justo a la entrada de la apertura ojival superior, con el rosal bajo sus pies.
La primera aparición ocurrió el 11 de Febrero. Bernardita, con su hermana y una amiga, habían ido a buscar ramas secas para el fuego justo a lado de la gruta, pero, temerosa de que el frío empeorara su tos, se había detenido a la entrada, mientras sus compañeras más sanas y fuertes atravesaron a pie desnudo el agua gélida del río y habían seguido. Mientras estaba sola frente a la gruta, Bernardita oyó un rumor similar a un trueno, que se repitió dos veces: se dio vuelta, miró la gruta y vio que la vegetación se agitaba como si hubiera viento. Al mismo tiempo, del interior de la gruta salió una nube de color oro y poco después una señora joven y bella apareció a la entrada de la ojiva, sobre el rosal. Con estas palabras contó luego el hecho a Juan Bautista Estrade, que fue testigo ocular de varias apariciones y publicó luego en libro.
Bernardita describió a la Señora en estos términos:
“tenía el aspecto de una joven de dieciséis o diecisiete años. Viste de blanco con una cinta azul que desciende a lo largo de su vestido. Lleva sobre la cabeza un velo igualmente blanco, que apenas deja ver los cabellos y cae hacía atrás hasta debajo de la cinta. Los pies están desnudos, pero cubiertos con los últimos pliegues del vestido, excepto en el extremo, donde brilla sobre cada uno de ellos una rosa de oro. Lleva sobre el brazo un rosario de cuentas blancas, unidas por una cadenita de oro brillante, como el de las dos rosas en los pies”.
Al ver a la Señora , Bernardita por instinto se puso de rodillas. Tomó el rosario que llevaba en el bolsillo y quiso comenzar a recitarlo haciendo la señal de la cruz, pero su brazo quedó como paralizado y sólo pudo moverlo hasta que la Señora tomó a su vez el rosario que tenía en el brazo y se signó. Bernardita recitó todo el rosario, y la Señora callaba, acompañándola sólo con el Gloria al final de cada decena. Cuando concluyó el rosario, la Señora desapareció junto con la nube de oro.
Texto sacado del libro “Las apariciones de la virgen María” Paola Giovetti, Ediciones San Pablo, milano Italia, 2000.
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